sábado, 31 de diciembre de 2011

HISTORIA DEL MANDADERO Y DE LAS TRES DONCELLAS

“Había en la ciudad de Bagdad un hombre que era soltero y además mozo de cordel.

Un día entre los días, mientras estaba en el zoco, indolentemente apoyado en su espuerta, se paró delante de él una mujer con un ancho manto de tela, de Mussul, en seda sembrada de lentejuelas de oro y forro de brocado. Levantó un poco el velillo de la cara y apa­recieron por debajo dos ojos negros, con largas pestañas, y ¡qué párpa­dos! Era esbelta, sus manos Y sus pies muy pequeños, y reunía, en fin, un conjunto de perfectas cualidades. Y dijo con su voz llena de dulzura: “¡Oh mandadero! coge la espuerta y sígueme.”

viernes, 30 de diciembre de 2011

PERO CUANDO LLEGÓ LA NOVENA NOCHE


Ella dijo:


 He llegado a saber, ¡oh rey afor­tunado! que cuando la bruja cogió un poco de agua y pronunció unas palabras misteriosas, los peces empe­zaron a agitarse, irguiendo la cabeza, y acabaron por convertirse en hijos de Adán, y en la hora y en el ins­tante se desató la magia que sujeta­ba a los habitantes de la ciudad. Y la ciudad se convirtió en una población floreciente, con magnífi­cos zocos bien construidos, y cada habitante se puso a ejercer su oficio, Y las montañas volvieron a ser islas como en otro tiempo. Y hete aquí todo lo que hubo respecto a esto. Por lo que se refiere a la bruja, ésta volvió junto al rey, y como le seguía tomando por el negro, le dijo: ¡Oh querido mío! Dame tu mano generosa para besarla.” Y el rey le respondió en voz baja: “Acércate más a mí.” Y ella se aproximó. Y el rey cogió de pronto su buena espada, y le atravesó el pecho con tal fuerza, que la punta le salió par la espalda. Después, dando un tajo, la partió en dos mitades.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Y CUANDO LLEGÓ LA OCTAVA NOCHE

Schahrázada dijo:

 He llegado a saber. ¡oh rey afor­tunado! que el joven encantado dijo al rey:

“Al herir al negro para cortarle la cabeza, corté efectivamente su piel y su carne, y creí que lo había matado, porque lanzó un estertor horrible. Y a partir de este momento, nada sé sobre lo que ocurrió. Pero al día siguiente vi que la hija de mi tío se había cortado el pelo y se había vestido de luto. Después me dijo: “¡Oh hijo de mi tío! No censures lo que hago, porque acabo de saber que se ha muerto mi madre, que a mi padre lo han matado en la guerra santa, que uno de mis hermanos ha fallecido de picadura de escorpión y que el otro ha quedado enterrado bajo las ruinas de un edificio; de modo que tengo motivos para llorar y afligir­me.” Fingiendo que la creía, le dije: “Haz lo que creas conveniente; pues no he de prohibírtelo.”

miércoles, 28 de diciembre de 2011

HISTORIA DEL JOVEN ENCANTADO Y DE LOS PECES

HISTORIA DEL JOVEN ENCANTADO Y DE LOS PECES

“Sabe, ¡oh señor! que mi padre era rey de esta ciudad. Se llamaba Mahmud, y era rey de las Islas Negras y de estas cuatro montañas. Mi padre reinó sesenta años, y después se extinguió en la miseri­cordia del Retribuidor. Después de su muerte, fui yo sultán y me casé con la hija de mi tío. Me quería con amor tan poderoso, que si por casualidad tenía que separarme de ella, no comía ni bebía hasta mi regreso.

PERO CUANDO LLEGÓ LA SÉPTIMA NOCHE

Ella dijo:

He llegado a saber, ¡oh rey afor­tunado! que cuando los peces empe­zaron a hablar, la joven volcó la sartén con la varita, y salió por donde había entrado, cerrándose la pared de nuevo. Entonces el visir se levantó y dijo: “Es esta una casa que verdaderamente no podría ocul­tar al rey.” Después marchó en busca del rey y le refirió lo que había pasado en su presencia. Y el rey, dijo: “Tengo que ver eso con mis propios ojos.” Y mandó llamar al pescador y le ordenó que vol­viera con cuatro peces iguales a los primeros, para lo cual le dio tres días de plazo. Pero el pescador marchó en seguida al lago, y trajo inmediatamente los cuatro peces. Entonces el rey dispuso que le die­ron cuatrocientos dinares, y volvién­dose hacia el visir, le dijo: “Prepara tú mismo delante de mí esos pes­cados.” Y él visir contestó: “Escucho y obedezco.”

martes, 27 de diciembre de 2011

Y CUANDO LLEGÓ LA SEXTA NOCHE

Y CUANDO LLEGÓ LA SEXTA NOCHE

Schahrazada dijo:

He llegado a saber, ¡oh rey afor­tunado! que cuando el pescador dijo al efrit: “Si me hubieras con­servado, yo te habría conservado, pero no has querido más que mi muerte, y te haré morir prisionero en este jarrón y te arrojaré a ese mar”, entonces el efrit clamó y dijo:­“¡Por Alah sobre ti! ¡oh pescador, no lo hagas! Y consérvame gene­rosamente, sin reconvenirme por mi acción, pues si yo fui criminal; tú debes ser benéfico, y los proverbios conocidos dicen: “¡Oh tú que haces bien a quien mal hizo, perdona sin restricciones el crimen del malhe­chor!” Y tú, ¡oh pescador! no hagas conmigo lo que hizo Umama con Atica.” El pescador dijo:

lunes, 26 de diciembre de 2011

HISTORIA DEL PRÍNCIPE Y LA VAMPIRO

El rey de que se trata tenía un hijo aficionadísimo a la caza con galgos, y tenía también un visir. El rey mandó al visir que acompa­ñara a su hijo allá donde fuese. Un día entre los días, el hijo salió a cazar con galgas, y con él salió el visir. Y ambos vieron un animal monstruoso. Y el visir dijo al hijo del rey: “¡Anda contra esa fiera! ¡Persíguela!” Y el príncipe se puso a perseguir a la fiera, hasta que todos le perdieron de vista. Y de pronto la fiera desapareció en el desierto. Y el príncipe permanecía perplejo, sin saber hacia dónde ir, cuando vio en lo más alto del cami­no una joven esclava que estaba llorando. El príncipe le preguntó: “¿Quién eres?” Y ella respondió:

sábado, 24 de diciembre de 2011

EL HALCÓN DEL REY SINDABAD


Y CUANDO LLEGÓ LA QUINTA NOCHE

Ella dijo:

 He llegado a saber, ¡oh rey afor­tunado! que el rey Yunán dijo a su visir: “Visir, has dejado entrar en ti la envidia contra el médico, y quieres que yo lo mate para que luego me arrepienta, como se arre­pintió el rey Sindabad después de haber matado al halcón.” El visir preguntó: “¿Y cómo ocurrió eso?” Entonces el rey Yunán contó:

viernes, 23 de diciembre de 2011

HISTORIA DEL VISIR DEL REY YUNÁN Y DEL MEDICO RUYÁN

El pescador dijo:

“Sabrás, ¡oh efrit! que en la anti­güedad del tiempo y en lo pasado de la edad, hubo en la ciudad de Fars, en el país de los ruman, un rey llamado Yunán. Era rico y pode­roso, señor de ejércitos, dueño de fuerzas considerables y de aliados de todas las especies de hombres. Pero su cuerpo padecía una lepra que desesperaba a los médicos y a los sabios. Ni drogas, ni píldoras, ni pomadas le hacían efecto algu­no, y ningún sabio pudo encontrar un eficaz remedio para la espantosa dolencia. Pero cierto día llegó a la capital del rey Yunán un médico anciano de renombre, llamado Ru­yan. Había estudiado los libros grie­gos, persas, romanos, árabes y sirios, así como la medicina y la astrono­mía, cuyos principios y reglas no ignoraba, así como sus buenos y malos efectos.

jueves, 22 de diciembre de 2011

PERO CUANDO LLEGÓ LA CUARTA NOCHE

PERO CUANDO LLEGÓ LA CUARTA NOCHE

Ella dijo:

 He llegado a saber, ¡oh rey afor­tunado! que cuando el pescador dijo al efrit que no le creería como no lo viese con sus propios ojos, el efrit comenzó a agitarse; convirtiéndose nuevamente en humareda que subía hasta el firmamento. Después se condensó, y empezó a entrar en el jarrón poco a poco, hasta el fin. Entonces el pescador cogió rápida­mente la tapadera de plomo, con el sello de Soleimán, y obstruyó la boca del jarrón. Después, llamando al efrit, le dijo: “Elige y piensa la clase de muerte que más te con­venga; si no, te echaré al mar, y me haré una casa junto a la orilla, e impediré a todo el mundo que pes­que, diciendo: “Allí hay un efrit, y si lo libran quiere matar a los que le liberten.” Luego enumeró todas las variedades de muertes para facilitar la elección. Al oirle, el efrit intentó salir, pero no pudo, y vio que estaba, encarcelado y tenía encima el sello de Soleimán, convenciéndose entonces de que el pescador le había encerrado en un calabozo contra el cual no pueden prevalecer ni los más débiles ni los más fuertes de los efrits. Y com­prendiendo que el pescador le lleva­ría hacia el mar, suplicó: “¡No me lleves! ¡no me lleves!” Y el pesca­dor dijo: “No hay remedio.” Enton­ces, dulcificando su lenguaje, excla­mó el efrit: “¡Ah pescador! ¿Qué vas a hacer conmigo?” El otro dijo: “Echarte al mar, que si has estado en él mil ochocientos años, no sal­drás esta vez hasta el día del Juicio. ¿No te rogué yo que me dejaras la vida para que Alah te la conservase a ti y no me mataras para que Alah no te matase? Obrando infamemente rechazaste mi plegaria. Por eso Alah te ha puesto en mis manos, y no me remuerde el haberte engañado.” Entonces dijo el efrit: “Abreme el jarrón y te colmaré de beneficias.” El pescador respondió: “Mientes, ¡oh maldito! Entre tú y yo pasa exactamente lo, que ocurrió entre el visir del rey Yunán y el médico Ruyán.”

Y el efrit dijo: “¿Quiénes eran el visir del rey Yunán  y el médico Ruyán?... ¿Qué historia es esa?”


miércoles, 21 de diciembre de 2011

HISTORIA DEL PESCADOR Y DEL EFRIT

“He llegado a saber, ¡oh rey afor­tunado! que había un pescador, hom­bre de edad avanzada, casado, con tres hijos y muy pobre.

Tenía por costumbre echar las re­des sólo cuatro veces al día y nada más Un día entre los días, a las doce de la mañana, fue a orillas del mar, dejó en el suelo la cesta, echó la red, y estuvo esperando hasta que llegara al fondo. Entonces juntó las cuerdas y notó que la red pesaba mucho y no podía con ella. Llevó el cabo a tierra y lo ató a un poste. Después se desnudó y entró en el mar, maniobrando en torno de la red, y no paró hasta que la hubo sacado. Vistióse entonces muy ale­gre y acercándose a la red, encontró un borrico muerto. Al verlo, excla­mó desconsolado: “¡Todo el poder y la fuerza están en Alah, el Altísi­mo y el Omnipotente!” Luego dijo: “En verdad que este donativo de Alah es asombroso.” Y recitó los si­guientes versos:


martes, 20 de diciembre de 2011

Y CUANDO LLEGÓ LA TERCERA NOCHE

Daniazada dijo: “Hermana mía, te suplico que termines tu relato.” Y Schahrazada contestó: “Con toda la generosidad y simpatía de mi cora­zón.” Y prosiguió después:

He llegado a saber, ¡oh rey afor­tunado! que, cuando el tercer jeique contó al efrit el más asombroso de los tres cuentos, el efrit se maravilló mucho, y emocionado y placentero, dijo: “Concedo el resto de la sangre por que había de redimirse el crí­men, y dejo en libertad al merca­der.”

lunes, 19 de diciembre de 2011

CUENTO DEL TERCER JEIQUE

“¡Oh sultán, jefe de los efrits! Esta mula que ves aquí era mi es­posa. Una vez salí de viaje y estuve ausente todo un año. Terminados mis negocios, volví de noche, y al entrar en el cuarto de mi mujer, la encontré con un esclavo negro, esta­ban conversando, y se besaban, ha­ciéndose zalamerías. Al verme, ella se levantó, súbitamente y se aba­lanzó a mí con una vasija de agua en la mano; murmuró algunas pala­bras luego, y me dijo arrojándome el agua: “¡Sal de tu propia forma y reviste la de un perro!” Inmediata­mente me convertí en perro, y mi esposa me echó de casa. Anduve va­gando, hasta llegar a una carnicería, donde me puse a roer huesos. Al ver­me el carnicero, me cogió y me llevó con él.

domingo, 18 de diciembre de 2011

CUENTO DEL SEGUNDO JEIQUE

“Sabe, ¡oh señor de los reyes de los efrits! que éstos dos perros son mis hermanos. mayores y yo soy el tercero. Al morir nuestro padre nos dejó en herencia tres mil dinares. Yo, con mi parte, abrí una tienda y me puse a vender y comprar. Uno de mis hermanos, comerciante tam­bién, se dedicó a viajar con las cara­vanas, y estuvo ausente un año. Cuando regresó no le quedaba nada de su herencia. Entonces le dije: “¡Oh hermano mío! ¿no te había aconsejado que no viajaras?” Y echándose a llorar, me contestó: “Hermano, Alah, que es grande y poderoso, lo dispuso así. No pueden serme de provecho ya tus palabras, puesto que nada tengo ahora.” Le lleve conmigo a la tienda, lo acom­pañé luego al hammam y le regalé un magnífico traje de la mejor clase.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Y CUANDO LLEGÓ LA SEGUNDA NOCHE

Doniazada dijo a su hermana Schahrazada:- “¡Oh hermana mía! Te ruego que acabes la historia del mer­cader y el efrit “ Y Schahrazada res­pondió: “De todo corazón y como debido homenaje, siempre que el rey me lo permita.” Y el rey ordenó: “Puedes hablar.”

Ella dijo:

He llegado a saber, ¡oh rey afor­tunado, dotado de ideas justas y rec­tas! que cuando el mercader vio llo­rar al ternero, se enterneció su cora­zón, y dijo al mayoral: “Deja ese ternero con el ganado.”

viernes, 16 de diciembre de 2011

CUENTO DEL PRIMER JEIQUE

El primer jeique dijo:

“Sabe, ¡oh gran efrit! que esta gacela era la hija de mi tío, carne de nu carne y sangre de mi sangre. Cuando esta mujer era todavía muy joven, nos casamos, y vivimos jun­tos cerca de treinta años. Pero Alah no me concedió tener de ella ningún hijo. Por esto tomé una concubina, qué, gracias a Alah, me dio un hijo varón, más hermoso que la luna cuando sale. Tenía unos ojos magní­ficos, sus cejas se juntaban y sus miembros eran perfectos. Creció poco a poco; hasta llegar a los quin­ce años. En aquella época tuve que marchar a una población lejana, don­de reclamaba mi presencia un gran negocio de comercio.

jueves, 15 de diciembre de 2011

PRIMERA NOCHE "HISTORIA DEI. MERCADER Y EL EFRIT"

Schahrazada dijo:

“He llegado a saber, ¡oh rey, afor­tunado! que hubo un mercader entre los mercaderes, dueño de numerosas riquezas y de negocios comerciales en todos los países.

Un día montó a caballo y salió para ciertas comarcas a las cuales le llamaban sus negocios. Como el ca­lor era sofocante, se sentó debajo de un árbol, y echando mano al saco de provisiones, sacó unos dáti­les, y cuando los hubo comido tiró a lo lejos los huesos. Pero de pronto se le apareció un efrit de enorme estatura que, blandiendo una espada, llegó hasta el mercader y le dijo: “Levántate para que yo te mate como has matado a mi hijo.” El mer­cader repuso: “Pero ¿cómo he mata­do yo a tu hijo?” Y contestó el efrit: “Al arrojar los huesos, dieron en el pecho a mi hilo y lo mataron.” En­tonces dijo el mercader: “Considera ¡oh gran efrit! que no puedo mentir, siendo, como soy, un creyente. Ten­go muchas riquezas, tengo hijos y esposa, y además guardo en mi casa depósitos que me confiaron. Permi­teme volver para repartir lo de cada uno, y te vendré a buscar en cuanto lo haga. Tienes mi promesa y mi juramento de que volveré en seguida a tu lado. Y tú entonces harás de mí lo que quieras. Alah es fiador de mis palabras.”

domingo, 27 de noviembre de 2011

CUANDO LLEGÓ LA TERCERA NOCHE

Daniazada dijo: “Hermana mía, te suplico que termines tu relato.” Y Schahrazada contestó: “Con toda la generosidad y simpatía de mi cora­zón.” Y prosiguió después:

He llegado a saber, ¡oh rey afor­tunado! que, cuando el tercer jeique contó al efrit el más asombroso de los tres cuentos, el efrit se maravilló mucho, y emocionado y placentero, dijo: “Concedo el resto de la sangre por que había de redimirse el crí­men, y dejo en libertad al merca­der.”

Entonces el mercader, contentísi­mo, salió al encuentro de los jeiques y les dio miles de gracias. Ellos, a su vez, le felicitaron por el indulto. Y cada cual regresó a su país.

sábado, 26 de noviembre de 2011

CUENTO DEL TERCER JEIQUE

“¡Oh sultán, jefe de los efrits! Esta mula que ves aquí era mi es­posa. Una vez salí de viaje y estuve ausente todo un año. Terminados mis negocios, volví de noche, y al entrar en el cuarto de mi mujer, la encontré con un esclavo negro, esta­ban conversando, y se besaban, ha­ciéndose zalamerías. Al verme, ella se levantó, súbitamente y se aba­lanzó a mí con una vasija de agua en la mano; murmuró algunas pala­bras luego, y me dijo arrojándome el agua: “¡Sal de tu propia forma y reviste la de un perro!” Inmediata­mente me convertí en perro, y mi esposa me echó de casa. Anduve va­gando, hasta llegar a una carnicería, donde me puse a roer huesos. Al ver­me el carnicero, me cogió y me llevó con él.

viernes, 25 de noviembre de 2011

CUENTO DEL SEGUNDO JEIQUE

“Sabe, ¡oh señor de los reyes de los efrits! que éstos dos perros son mis hermanos. mayores y yo soy el tercero. Al morir nuestro padre nos dejó en herencia tres mil dinares. Yo, con mi parte, abrí una tienda y me puse a vender y comprar. Uno de mis hermanos, comerciante tam­bién, se dedicó a viajar con las cara­vanas, y estuvo ausente un año. Cuando regresó no le quedaba nada de su herencia. Entonces le dije: “¡Oh hermano mío! ¿no te había aconsejado que no viajaras?” Y echándose a llorar, me contestó: “Hermano, Alah, que es grande y poderoso, lo dispuso así. No pueden serme de provecho ya tus palabras, puesto que nada tengo ahora.” Le lleve conmigo a la tienda, lo acom­pañé luego al hammam y le regalé un magnífico traje de la mejor clase.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Y CUANDO LLEGÓ LA SEGUNDA NOCHE

Doniazada dijo a su hermana Schahrazada:- “¡Oh hermana mía! Te ruego que acabes la historia del mer­cader y el efrit “ Y Schahrazada res­pondió: “De todo corazón y como debido homenaje, siempre que el rey me lo permita.” Y el rey ordenó: “Puedes hablar.”

Ella dijo:

He llegado a saber, ¡oh rey afor­tunado, dotado de ideas justas y rec­tas! que cuando el mercader vio llo­rar al ternero, se enterneció su cora­zón, y dijo al mayoral: “Deja ese ternero con el ganado.”

Y a todo esto, el efrit se asombra­ba prodigiosamente de esta historia asombrosa. Y el jeique dueño de la gacela prosiguió de este modo:

miércoles, 23 de noviembre de 2011

CUENTO DEL PRIMER JEIQUE

El primer jeique dijo:

“Sabe, ¡oh gran efrit! que esta gacela era la hija de mi tío, carne de nu carne y sangre de mi sangre. Cuando esta mujer era todavía muy joven, nos casamos, y vivimos jun­tos cerca de treinta años. Pero Alah no me concedió tener de ella ningún hijo. Por esto tomé una concubina, qué, gracias a Alah, me dio un hijo varón, más hermoso que la luna cuando sale. Tenía unos ojos magní­ficos, sus cejas se juntaban y sus miembros eran perfectos. Creció poco a poco; hasta llegar a los quin­ce años. En aquella época tuve que marchar a una población lejana, don­de reclamaba mi presencia un gran negocio de comercio.

martes, 22 de noviembre de 2011

HISTORIA DEI. MERCADER Y EL EFRIT

Schahrazada dijo:

“He llegado a saber, ¡oh rey, afor­tunado! que hubo un mercader entre los mercaderes, dueño de numerosas riquezas y de negocios comerciales en todos los países.

Un día montó a caballo y salió para ciertas comarcas a las cuales le llamaban sus negocios. Como el ca­lor era sofocante, se sentó debajo de un árbol, y echando mano al saco de provisiones, sacó unos dáti­les, y cuando los hubo comido tiró a lo lejos los huesos. Pero de pronto se le apareció un efrit de enorme estatura que, blandiendo una espada, llegó hasta el mercader y le dijo: “Levántate para que yo te mate como has matado a mi hijo.” El mer­cader repuso: “Pero ¿cómo he mata­do yo a tu hijo?” Y contestó el efrit: “Al arrojar los huesos, dieron en el pecho a mi hilo y lo mataron.” En­tonces dijo el mercader: “Considera ¡oh gran efrit! que no puedo mentir, siendo, como soy, un creyente. Ten­go muchas riquezas, tengo hijos y esposa, y además guardo en mi casa depósitos que me confiaron. Permi­teme volver para repartir lo de cada uno, y te vendré a buscar en cuanto lo haga. Tienes mi promesa y mi juramento de que volveré en seguida a tu lado. Y tú entonces harás de mí lo que quieras. Alah es fiador de mis palabras.”

lunes, 21 de noviembre de 2011

FÁBULA DEL ASNO, EL BUEY Y EL LABRADOR

“Has de saber, hija mía, que hubo un comerciante dueño de grandes riquezas y de mucho ganado. Estaba casado y con hijos. Alah, el Altísimo, le dio igualmente el conocimiento de los lenguajes de los animales y el canto de los pájaros. . Habitaba este comerciante en un país fértil, a ori­llas de un río. En su morada había un asno y un buey.

Cierto día llegó el buey al lugar ocupado por el asno y vio aquel sitio barrido y regado. En el pesebre ha­bía cebada y paja bien cribadas, y el jumento estaba echado, descansando. Cuando el amo lo montaba, era sólo para algún trayecto corto y por asun­to urgente, y el asno volvía pronto a descansar. Ese día el comerciante oyó que el buey decía al pollino: “Come a gusto y que te sea sano, de provecho y de buena digestión. ¡Yo estoy rendido y tú descansando, des­pués de comer cebada bien cribada! Si el amo, te monta alguna que otra vez, pronto vuelve a traerte. En cam­bio yo me reviento arando y con el trabajo del molino.” El asno le acon­sejo: “Cuando salgas al campo y te echen el yugo, túmbate y no te menees aunque te den de palos. Y si te levantan, vuélvete a echar otra vez. Y si entonces te vuelven al esta­blo y te ponen habas, no las comas, fíngete enfermo. Haz por no comer ni beber en unos días, y de ese modo descansarás de la fatiga del trabajo.”

sábado, 19 de noviembre de 2011

HISTORIA DEL REY SCHAHRIAR Y DE SU HERMANO EL REY SCHAHZAMAN

Cuéntase -pero Alah es más sa­bio, mas prudente, más poderoso y más benéfico- que en lo que trans­currió en la antigüedad del tiempo y en lo pasado de la edad, hubo un rey entre los reyes de Sassan, en las islas de la India y de la China. Era dueño de ejércitos y señor de auxi­lliares de servidores y de un séquito numeroso. Tenía dos hijos, y ambos eran heroicos jinetes, pero el mayor valía más aún que el menor. El ma­yor reinó en los países, gobernó con justicia entre los hombres, y por eso le querían los habitantes del país y del reino. Llamábase el rey Schah­riar. Su hermano, llamado Schahza­man; era el rey de Samarcanda Al­-Ajam.