domingo, 27 de noviembre de 2011

CUANDO LLEGÓ LA TERCERA NOCHE

Daniazada dijo: “Hermana mía, te suplico que termines tu relato.” Y Schahrazada contestó: “Con toda la generosidad y simpatía de mi cora­zón.” Y prosiguió después:

He llegado a saber, ¡oh rey afor­tunado! que, cuando el tercer jeique contó al efrit el más asombroso de los tres cuentos, el efrit se maravilló mucho, y emocionado y placentero, dijo: “Concedo el resto de la sangre por que había de redimirse el crí­men, y dejo en libertad al merca­der.”

Entonces el mercader, contentísi­mo, salió al encuentro de los jeiques y les dio miles de gracias. Ellos, a su vez, le felicitaron por el indulto. Y cada cual regresó a su país.

sábado, 26 de noviembre de 2011

CUENTO DEL TERCER JEIQUE

“¡Oh sultán, jefe de los efrits! Esta mula que ves aquí era mi es­posa. Una vez salí de viaje y estuve ausente todo un año. Terminados mis negocios, volví de noche, y al entrar en el cuarto de mi mujer, la encontré con un esclavo negro, esta­ban conversando, y se besaban, ha­ciéndose zalamerías. Al verme, ella se levantó, súbitamente y se aba­lanzó a mí con una vasija de agua en la mano; murmuró algunas pala­bras luego, y me dijo arrojándome el agua: “¡Sal de tu propia forma y reviste la de un perro!” Inmediata­mente me convertí en perro, y mi esposa me echó de casa. Anduve va­gando, hasta llegar a una carnicería, donde me puse a roer huesos. Al ver­me el carnicero, me cogió y me llevó con él.

viernes, 25 de noviembre de 2011

CUENTO DEL SEGUNDO JEIQUE

“Sabe, ¡oh señor de los reyes de los efrits! que éstos dos perros son mis hermanos. mayores y yo soy el tercero. Al morir nuestro padre nos dejó en herencia tres mil dinares. Yo, con mi parte, abrí una tienda y me puse a vender y comprar. Uno de mis hermanos, comerciante tam­bién, se dedicó a viajar con las cara­vanas, y estuvo ausente un año. Cuando regresó no le quedaba nada de su herencia. Entonces le dije: “¡Oh hermano mío! ¿no te había aconsejado que no viajaras?” Y echándose a llorar, me contestó: “Hermano, Alah, que es grande y poderoso, lo dispuso así. No pueden serme de provecho ya tus palabras, puesto que nada tengo ahora.” Le lleve conmigo a la tienda, lo acom­pañé luego al hammam y le regalé un magnífico traje de la mejor clase.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Y CUANDO LLEGÓ LA SEGUNDA NOCHE

Doniazada dijo a su hermana Schahrazada:- “¡Oh hermana mía! Te ruego que acabes la historia del mer­cader y el efrit “ Y Schahrazada res­pondió: “De todo corazón y como debido homenaje, siempre que el rey me lo permita.” Y el rey ordenó: “Puedes hablar.”

Ella dijo:

He llegado a saber, ¡oh rey afor­tunado, dotado de ideas justas y rec­tas! que cuando el mercader vio llo­rar al ternero, se enterneció su cora­zón, y dijo al mayoral: “Deja ese ternero con el ganado.”

Y a todo esto, el efrit se asombra­ba prodigiosamente de esta historia asombrosa. Y el jeique dueño de la gacela prosiguió de este modo:

miércoles, 23 de noviembre de 2011

CUENTO DEL PRIMER JEIQUE

El primer jeique dijo:

“Sabe, ¡oh gran efrit! que esta gacela era la hija de mi tío, carne de nu carne y sangre de mi sangre. Cuando esta mujer era todavía muy joven, nos casamos, y vivimos jun­tos cerca de treinta años. Pero Alah no me concedió tener de ella ningún hijo. Por esto tomé una concubina, qué, gracias a Alah, me dio un hijo varón, más hermoso que la luna cuando sale. Tenía unos ojos magní­ficos, sus cejas se juntaban y sus miembros eran perfectos. Creció poco a poco; hasta llegar a los quin­ce años. En aquella época tuve que marchar a una población lejana, don­de reclamaba mi presencia un gran negocio de comercio.

martes, 22 de noviembre de 2011

HISTORIA DEI. MERCADER Y EL EFRIT

Schahrazada dijo:

“He llegado a saber, ¡oh rey, afor­tunado! que hubo un mercader entre los mercaderes, dueño de numerosas riquezas y de negocios comerciales en todos los países.

Un día montó a caballo y salió para ciertas comarcas a las cuales le llamaban sus negocios. Como el ca­lor era sofocante, se sentó debajo de un árbol, y echando mano al saco de provisiones, sacó unos dáti­les, y cuando los hubo comido tiró a lo lejos los huesos. Pero de pronto se le apareció un efrit de enorme estatura que, blandiendo una espada, llegó hasta el mercader y le dijo: “Levántate para que yo te mate como has matado a mi hijo.” El mer­cader repuso: “Pero ¿cómo he mata­do yo a tu hijo?” Y contestó el efrit: “Al arrojar los huesos, dieron en el pecho a mi hilo y lo mataron.” En­tonces dijo el mercader: “Considera ¡oh gran efrit! que no puedo mentir, siendo, como soy, un creyente. Ten­go muchas riquezas, tengo hijos y esposa, y además guardo en mi casa depósitos que me confiaron. Permi­teme volver para repartir lo de cada uno, y te vendré a buscar en cuanto lo haga. Tienes mi promesa y mi juramento de que volveré en seguida a tu lado. Y tú entonces harás de mí lo que quieras. Alah es fiador de mis palabras.”

lunes, 21 de noviembre de 2011

FÁBULA DEL ASNO, EL BUEY Y EL LABRADOR

“Has de saber, hija mía, que hubo un comerciante dueño de grandes riquezas y de mucho ganado. Estaba casado y con hijos. Alah, el Altísimo, le dio igualmente el conocimiento de los lenguajes de los animales y el canto de los pájaros. . Habitaba este comerciante en un país fértil, a ori­llas de un río. En su morada había un asno y un buey.

Cierto día llegó el buey al lugar ocupado por el asno y vio aquel sitio barrido y regado. En el pesebre ha­bía cebada y paja bien cribadas, y el jumento estaba echado, descansando. Cuando el amo lo montaba, era sólo para algún trayecto corto y por asun­to urgente, y el asno volvía pronto a descansar. Ese día el comerciante oyó que el buey decía al pollino: “Come a gusto y que te sea sano, de provecho y de buena digestión. ¡Yo estoy rendido y tú descansando, des­pués de comer cebada bien cribada! Si el amo, te monta alguna que otra vez, pronto vuelve a traerte. En cam­bio yo me reviento arando y con el trabajo del molino.” El asno le acon­sejo: “Cuando salgas al campo y te echen el yugo, túmbate y no te menees aunque te den de palos. Y si te levantan, vuélvete a echar otra vez. Y si entonces te vuelven al esta­blo y te ponen habas, no las comas, fíngete enfermo. Haz por no comer ni beber en unos días, y de ese modo descansarás de la fatiga del trabajo.”

sábado, 19 de noviembre de 2011

HISTORIA DEL REY SCHAHRIAR Y DE SU HERMANO EL REY SCHAHZAMAN

Cuéntase -pero Alah es más sa­bio, mas prudente, más poderoso y más benéfico- que en lo que trans­currió en la antigüedad del tiempo y en lo pasado de la edad, hubo un rey entre los reyes de Sassan, en las islas de la India y de la China. Era dueño de ejércitos y señor de auxi­lliares de servidores y de un séquito numeroso. Tenía dos hijos, y ambos eran heroicos jinetes, pero el mayor valía más aún que el menor. El ma­yor reinó en los países, gobernó con justicia entre los hombres, y por eso le querían los habitantes del país y del reino. Llamábase el rey Schah­riar. Su hermano, llamado Schahza­man; era el rey de Samarcanda Al­-Ajam.