lunes, 30 de enero de 2012

PERO CUANDO LLEGÓ LA 29a NOCHE

PERO CUANDO LLEGÓ LA 29a NOCHE

 Ella dijo:

He llegado a saber ¡oh rey afor­tunado! que cuando el joven dijo al barbero: “Vas a volverme loco y a matarme de impaciencia”, el barbero respondió:

“Sabe, sin embargo, ¡oh mi señor! que soy un hombre a quien todo el mundo llama el Silencioso, a causa de mi poca locuacidad. De modo que no me haces justicia creyendo me un charlatán, sobre todo si te tomas la molestia de compararme, siquiera sea por un momento, con mis hermanos. Porque sabe que ten­go seis hermanos que ciertamente son muy charlatanes, y para que los co­nozcas te voy a decir sus nombres: el mayor se llama El-Bacbuk, o sea el que al hablar hace un ruido como un cántaro que se vacía; el segundo, El-Haddar, o el que muge repetidas veces como un camello; el tercero, Bacbac, o el Cacareador hinchado; el cuarto, El-Kuz. El-Assuani, o el Botijo irrompible de Assuan; el quin­to, -El-Aschâ, o la Camella preñada, o el Gran Caldero; el sexto, Schaka­lik, o el Tarro hendido, y el séptimo, El-Samet o el Silencioso; y este si­lencioso es tu servidor.”

domingo, 29 de enero de 2012

HISIORIA DEL JOVEN COJO CON EL BARBERO DE BAGDAD


HISIORIA DEL JOVEN COJO CON EL BARBERO DE BAGDAD



(Contada por el colo y repetida por el sastre)



“Sabed, ¡oh todos los aquí pre­sentes! que mi padre era uno de los principales mercaderes de Bagdad, y por voluntad de Alah fui su único hijo. Mi padre, aunque muy rico y estimado por toda la población, lle­vaba en su casa una vida pacífica, tranquila y llena de reposo. Y en ella me educó, y cuando llegué a la edad de hombre me dejó todas sus riquezas, puso bajo mi mando a todos sus servidores y a toda la familia, y murió en la misericordia de Alah, a quién fue a dar cuenta de la deuda de su vida. Yo seguí, como antes, viviendo con holgura, poniéndome los trajes más suntuosos y comiendo los manjares más exquisitos. Pero he de deciros que Alah, Omnipotente y Gloriosísimo, había infundido en mi corazón el horror a la mujer y a todas las mujeres, de tal modo, que sólo verlas me producía sufrimiento y agravio. Vi­vía, pues, sin ocuparme de ellas, pero muy feliz y sin desear cosa alguna.

Un día entre los días, iba yo por una de las calles de Bagdad, cuando vi venir hacia mí un grupo nume­roso de mujeres. En seguida, para librarme de ellas, emprendí rápida­mente la fuga y me metí en una calleja sin salida. Y en el fondo de esta calle había un banco, en el cual me senté a descansar.

Y cuando estaba sentado se abrió frente a mí una celosía, y aparecio en ella una joven con una regadera en la mano, y se puso a regar las flores de unas macetas que había en el alféizar de la ventana.

¡Oh mis señores! He de deciros que al ver á esta joven sentí nacer en mí algo que en mi vida había sentido. Así es que en aquel mismo instante mi corazón quedó hechi­zado y completamente cautivo, mi cabeza y mis pensamientos no se ocuparon más que de aquella joven, y todo mi pasado horror a las muje­res se transformó en un deseo abra­sador. Pero ella, en cuanto hubo regado las plantas, miró distraída­mente a la izquierda y luego a la derecha, y al verme me dirigió una larga mirada que me sacó por com­pleto el alma del cuerpo. Después cerró la celosía y desapareció. Y por más que la estuve esperando hasta la puesta del sol, no volvió a aparecer. Y yo parecía un sonámbulo o un ser que ya no pertenece a este mundo.

Mientras seguía sentado de tal suerte, he aquí que llegó y bajó de su mula, a la puerta de la casa; el kadí de la ciudad, precedido de sus negros y seguido de sus criados. El kadí entró en la misma casa en cuya ventana había yo visto a la joven, y comprendí que debía ser su padre.

Entonces volví a mi casa en un estado deplorable, lleno de pesar y de zozobra, y me dejé caer en el le­cho. Y en seguida se me acercaron todas las mujeres de la casa, mis parientes y servidores, y se sentaron a mi alrededor y empezaron a im­portunarme acerca de la causa de mi mal. Y como nada quería decirles sobre aquel asunto, no les contesté palabra. Pero de tal modo fue au­mentando mi pena de día en día, que caí gravemente enfermo y me vi muy atendido y muy visitado por mis amigos y parientes.

Y he aquí que uno de los días vi entrar en mi casa a una vieja, que en vez de gemir y compadecerse, se sentó a la cabecera del lecho y empe­zó a decirme palabras cariñosas para calmarme. Después me miró, me exa­minó atentamente, pidió a mi servi­dumbre que me dejaran solo con ella. Entonces me dijo: “Hijo mío, sé la causa de tu enfermedad, pero necesito, que me des pormenores.” Y yo le comuniqué en confianza todas las particularidades del asunto, y me contestó: “Efectivamente, hijo mío, esa es la hija del kadí de Bagdad y aquella casa es ciertamente su casa. Pero sabe que el kadí no vive en el mismo piso que su hija, sino en el de abajo. Y de todos modos, aunque la joven vive sola, está vigiladísima y bien guardada. Pero sabe también que yo voy mu­cho a esa casa, pues soy amiga de esa joven, y puedes estar seguro de que no has de lograr lo que deseas más que por mi mediación. ¡Anímate, pues, y ten alientos!”

Estas palabras me armaron de firmeza, y en seguida me levanté y me sentí el cuerpo ágil y recuparada la salud. Y al ver esto, se alegraron todos mis parientes. Y entonces la anciana se marchó, prometiéndome volver al día siguiente para darme cuenta de la entrevista que iba a tener con la hija del kadí de Bagdad.

Y en efecto, volvió al día siguiente. Pero apenas le vi la cara, compren­dí que no traía buenas noticias. Y la vieja me dijo: “Hijo mío, no me preguntes lo que acaba de suceder. Todavía estoy trastornada. Figúrate que en cuanto le dije al oído el objeto de mi visita, se puso de pie y me replicó muy airada: “Malhadada vie­ja, si no te callas en el acto y no desistes de tus vergonzosas proposi­ciones, te mandaré castigar como mereces.” Entonces, hijo mío, ya no dije nada; pero me propongo inten­tarlo por segunda vez. No se dirá que he fracasado en estos empeños, en los que soy más experta que nadie.” Después me dejó y se fue.

Pero yo volví a caer enfermo con mayor gravedad, y dejé de comer y beber.

Sin embargo, la vieja, como me había ofrecido, volvió a mi casa a los pocos días, y su cara resplan­decía, y me dijo sonriendo: “Vamos, hijo, ¡dame albricias por las buenas nuevas que te traigo!” Y al oírlo, sentí tal alegría que me volvió el alma al cuerpo, y dije enseguida a la anciana: “Ciertamente, buena madre, te deberé el mayor benefi­cio.” Entonces ella me dijo: “Volví ayer a casa de la joven. Y cuando me vio muy triste y abatida y con los ojos arrasados en lágrimas, me preguntó: ¡Oh mísera! ¿por qué está tan oprimido tu pecho? ¿Qué te pasa?” Entonces se aumentó mi llan­to, y le dije: “¡Oh hija mía y señora! ¿no recuerdas que vine a hablarte de un joven apasionadamente pren­dado en tus encantos? Pues bien: hoy está para morirse por culpa tuya.” Y ella, con el corazón lleno de lás­tima, y muy enternecida, preguntó: “¿Pero quién es ese joven de que me hablas?” Y yo le dije: “Es mi propio hijo, el fruto de mis entrañas. Te vio hace algunos días, cuando estabas reganda las flores, y pudo admirar un momento los encantos de tu cara, y él, que hasta ese momento no quería ver ninguna mujer y se horrorizaba de tratar con ellas, está loco de amor por ti. Por eso, cuando le conté la mala acogida que me hiciste, recayó grave­mente en su enfermedad. Y ahora acabo de dejarle tendido en los almohadones de su lecho, a punto de rendir el último suspiro al Crea­dor. Y me temo que no haya espe­ranza de salvación para él.” A estas palabras palideció la joven, y me dijo: “¿Y todo eso es por causa mía?” Yo le contesté: “¡Por Alah, que así es! ¿Pero qué piensas hacer ahora? Soy tu sierva, y pondré tus órdenes sobre mi cabeza y sobre mis ojos.” Y la joven: me dijo: “Ve enseguida a su casa, y transmítele de mi parte el saludo, y dile que me causa mucho dolor su pena. Y en seguida le dirás que mañana vier­nes, antes de la plegaria, le aguar­do aquí. Que venga a casa, y ya diré a mi gente que le abran la puer­ta, y le haré subir a mi aposento, y pasaremos juntos toda una hora. Pero tendrá que marcharse antes de que mi padre vuelva de la oración.”

Oídas las palabras de la anciana, sentí que recobraba las fuerzas y que se desvanecían todos mis pade­cimientos y descansaba mi corazón. Y saqué del ropón una bolsa repleta de dinares y rogué a la anciana que le aceptase: Y la vieja me dijo: “Ahora reanima tu corazón y ponte alegre.” Y yo le contesté: “En verdad que se acabó mi mal.” Y en efecto, mis parientes notaron bien pronto mi curación, y llegaron al colmo de la alegría, lo mismo que mis amigos.

Aguardé, pues, de este modo hasta el viernes, y entonces vi llegar a la vieja. Y en seguida me levanté, me puse mi mejor traje, me perfumé con esencia de rosas, e iba a correr a casa de la joven, cuando la anciana me dijo: “Todavía queda mucho tiempo. Más vale que entretanto vayas al hammam a tomar un buen baño y que te den masaje, que te afeiten y depilen, puesto que ahora sales de una enfermedad. Veras qué bien te sienta.” Y yo respondí: “Ver­daderamente, es una idea acertada. Pero mejor será llamar a un barbero, para que me afeite la cabeza, y después podré ir a bañarme al ham­mam.

Mandé entonces a un sirviente que fuese a buscar a un barbero, y le dije, “Ve en seguida al zoco y busca un barbero que tenga la mano ligera, pero sobretodo que sea prudente y discreto,, sobrio en palabras y nada curioso, que no me rompa la cabeza con su charla, coma hacen la mayor parte de los de su profesión. Y mi servidor salió a escape y me trajo un barbero viejo.

Y el barbero era ese maldito que veis delante de vosotros, ¡oh mis señores!

Cuando entró, me deseó la paz, y yo correspondí a su saludo de paz. Y me dijo: “¡Que Alah aparte de ti toda desventura, pena, zozobra, dolor y adversidad!” Y contesté: “¡Ojalá atienda Alah tus buenos deseos!” Y prosiguió: “He aquí que te anuncio la buena nueva, ¡oh mi señor! y la renovación de tus fuerzas y tu salud. ¿Y qué he de hacer ahora? ¿Afei­tarte o sangrarte? Pues no ignoras que nuestro gran Ibn-Abbas dijo: “El que se corta el pelo el día del viernes alcanza el favor de Alah, pues aparta de él setenta clases de calamidades.” Y el mismo Ibn-Abbas ha dicho: “Pero el que se sangra el viernes o hace que le apliquen ese mismo día ventosas escarificadas, se expone a perder la vista y corre el riesgo de coger todas las enfermeda­des.” Entonces le contesté: “¡Oh jeique! basta ya de chanzas; levántate en seguida para afeitarme la cabeza, y hazlo pronto, porque estoy débil y no puede hablar ni aguardar mu­cho.”

Entonces se levantó y cogió un paquete cubierto con un pañuelo, en que debía llevar la bacía, las navajas y las tijeras; lo abrió, y sacó, no la navaja, sino un astrolabio de siete facetas. Lo cogió, se salió al medio del patio de mi casa, levantó gravemente la cara hacia el sol, lo miró atentamente, examinó el astro­labios, volvió, y me dijo: “Has de saber que este viernes es el décimo día del mes de Safar del año 763 de la hégira de nuestro Santo Profeta; ¡vayan a él la paz y las mejores ben­diciones! Y lo sé por la ciencia de los números, la cual me dice que este viernes coincide con el preciso momento en que se verifica la con­junción del planeta Mirrikh con el planeta Hutared por siete grados y seis minutos. Y esto viene a demos­trar que el afeitarse hoy la cabeza es una acción fausta y de todo punto admirable. Y claramente me indica también que tienes la intención de celebrar una entrevista con una per­sona cuya suerte se me muestra como muy afortunada. Y aún podría con­tarte más casas que te han de suce­der, pero son cosas que debo ca­llarlas.”

Yo contesté: “¡Por Alah! Me aho­gas con tanto discurso y me arrancas el alma. Parece también que no sepas más que vaticinar cosas desagrada­bles. Y yo sólo te he llamado para que me afeites la cabeza. Levántate, pues, y aféitame sin más discursos.” Y el barbero replicó: “¡Por Alah! Si supieses la verdad de las cosas, me pedirías más pormenores y mas prue­bas. De todos modos, sabe que, aun­que soy barbero; soy algo más que barbero. Pues además de ser el bar­bero más reputado de Bagdad, co­nozco admirablemente, aparte del arte de la medicina, las plantas y los medicamentos, la ciencia de los as­tros, las reglas de nuestro idioma, el arte de las estrofas y de los versos, la elocuencia, la ciencia de: los nú­meros, la geometría, el álgebra, la filosofía, la arquitectura, la historia y las tradiciones de todos los pue­blos de la tierra. Por eso tengo mis motivos para aconsejarte, ¡oh mi se­ñor! que hagas, exactamente lo que dispone el horóscopo que acabo de obtener gracias a mi ciencia y al examen de los cálculos astrales. Y da gracias a Alah, que me ha traído a tu casa, y no me desobedezcas, porque sólo te aconsejo tu bien por el interés que me inspiras. Ten en cuenta que no te pido mas que ser­virte un año entero sin ningún sala­rio. Pero no hay que dejar de re­conocer, a pesar de todo, que soy un hombre de bastante mérito y que me merezco esta justicia.”

A estas palabras le respondí: “Eres un verdadero asesino, que te has pro­puesto volverme loco y matarme de impaciencia.”



En este momento de su narración, Schahrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.

sábado, 28 de enero de 2012

RELATO DEL SASTRE

“Sabe, pues, ¡oh rey del tiempo! que antes de mi aventura con el jorobado me habían convidado en una casa donde se daba un festín a los principales miembros de los gremios de nuestra ciudad: sastres, zapateros, lenceros, barberos, car­pinteros y otros.

viernes, 27 de enero de 2012

PERO CUANDO LLEGÓ LA 28a NOCHE

PERO CUANDO LLEGÓ LA 28a NOCHE

 Ella dijo:

 He llegado a saber, ¡oh rey afor­tunado! que el médico judío continuó de este modo la historia del joven: “El corredor, al ver que el joven no conocía el valor del collar, y se explicaba de aquel modo, compren­dió en seguida que lo había robado o se lo había encontrado, cosa que debía aclararse. Cogió, pues, el collar, y se lo llevó al jefe de los corredores del zoco, que se hizo cargo de él en seguida, y fue en busca del walí de la ciudad, a quien dijo: “Me habían robado este collar, y ahora hemos dado con el ladrón, que es un joven vestido como los hijos de los mercaderes, y está en tal parte, en casa de tal corredor.”

jueves, 26 de enero de 2012

RELATO DEL MÉDICO JUDÍO

“La cosa más extraordinaria que me ocurrió en mi juventud es preci­samente esta que vais a oír, ¡oh mis señores llenos de cualidades!

Estudiaba entonces medicina y ciencias en la ciudad de Damasco, Y cuando tuve bien aprendida mi profesión, empecé a ejercerla y a ganarme la vida.

miércoles, 25 de enero de 2012

RELATO DEL INTENDENTE DEL REY DE LA CHINA

PERO CUANDO LLEGÓ LA 27a NOCHE

Ella dijo:

 He llegado a saber, ¡oh rey afor­timado! que cuando el rey de la China dijo: “Voy a mandar que os ahorquen a todos”, el intendente dio un paso, prosternándose ante el rey, y dijo: “Si me lo perinítes, te contaré una historia que ha ocurrido hace pocos días, y, que es más sorprendente y maravillosa que la del jorobado. Si así lo crees después de haberla oído, nos indultarás a todos.” El rey de la China dijo: “¡Así sea!” Y el intendente contó lo que sigue:


martes, 24 de enero de 2012

PERO CUANDO LLEGÓ LA 26a NOCHE

PERO CUANDO LLEGÓ LA 26a NOCHE

 Ella dijo:

He llegado a saber, ¡oh rey afor­tunado! que el mercader prosiguió así su historia al corredor copto del Cairo, el cuál se la contaba al sultán de aquella ciudad de la China:

“Vi que se me acercaba la joven, adornada con perlas y pedrería, luminosa la cara y asesinos los ne­gros ojos. Me sonrió, me cogió entre sus brazos, y me estrechó contra ella. En seguida juntó sus labios con los míos. Y yo hice lo propio. Y ella me dijo: “¿Es cierto que te tengo aquí, o es un sueño? Yo respondí: “¡Soy tu esclavo!” Y ella dijo: “¡Hoy es un día de bendición! ¡Por Alah! ¡Ya no vivía, ni podía disfrutar comiendo y bebiendo!” Yo contesté: “Y yo igualmente.” Luego nos sen­tamos, y yo, confundido por aquel modo de recibirme, no levantaba la cabeza.

lunes, 23 de enero de 2012

RELATO DEL CORREDOR NAZARENO

RELATO DEL CORREDOR NAZARENO

“Sabe, ¡oh rey del tiempo! que vine a este país para un asunto comercial. Soy un extranjero a quien el Destino encaminó a tu reino. Porque yo nací en al ciudad de El Cairo y soy copto entre los coptos. Y es igualmente cierto que me crié en El Cairo, y en aquella ciudad fue corredor mi padre antes que yo.

Cuando murió mi padre ya había llegado yo a la edad de hombre. Y por eso fui corredor como él, pues contaba con toda clase de cualida­des para este oficio, que es la espe­cialidad entre nosotros los coptos.

Y CUANDO LLEGÓ LA 25a NOCHE

Y CUANDO LLEGÓ LA 25a NOCHE

Doniazada dijo a Schabrazada: “¡Oh hermana mía! Te ruego que nos cuentes la continuación de esa historia del jorobado, con el sastre y su mujer.” Y Sehahrazada repuso: “¡De todo corazón y como debido homenaje! Pero no sé si lo consen­tirá el rey.” Entonces el rey se apre­suró a decir: “Puedes contarla.” Y Schahrazada dijo:

He llegado a saber, ¡oh rey afor­tunado! que cuando el sastre vio morir de aquella manera al joroba­do, exclamó: “¡Sólo Alah él Altísimo y Omnipotente posee la fuerza y el poder! ¡Qué desdicha que este pobre hombre haya venido a morir preci­samente entre nuestras manos!” Pero la mujer replicó: “¿Y qué piensas hacer ahora? ¿No conoces estos ver­sos del poeta?

domingo, 22 de enero de 2012

HISTORIA DEL JOROBADO, CON EL SASTRE, EL CORREDOR


HISTORIA DEL JOROBADO, CON EL SASTRE, EL CORREDOR

NAZARENO, EL INTENDENTE Y EL MEDICO JUDÍO;

LO QUE DE ELLO RESULTE, Y SUS AVENTURAS

SUCESIVAMENTE REFERIDAS



Entonces Schahrazada dijo al rey Schahriar:



“He llegado a saber, ¡oh rey afor­tunado! que en la antigüedad del tiempo y en lo pasado de las edades y de los siglos, hubo en una ciudad de la China un hombre que era sastre y estaba muy satisfecho de su condición. Amaba las distracciones apacibles y tranquilas y de cuando en cuando acostumbraba a salir con su mujer, para pasearse y recrear la vista con el espectáculo de las calles y los jardines. Pero cierto día que ambos habían pasado fuera de casa, al regresar a ella, al anochecer, en­contraron en el camino a un joro­bado de tan grotesca facha, que era antídoto de toda melancolía y haría, reír al hombre más triste, disipando toda pesar y toda aflicción. Inme­diatamente se le acercaron el sastre y su mujer, divirtiéndose tanto con sus chanzas, que le convidaron a pasar la noche en su compañía. El jorobado hubo de responder a esta oferta como era debido, unien­dose a ellos, y llegaron juntos a la casa. Entonces el sastre se apartó un momento para ir al zoco antes de que los comerciantes cerrasen sus tiendas, pues quería comprar provi­siones con qué obsequiar al huésped. Compró pescado frito, pan fresco, limones, y un gran pedazo de halaua para postre. Después volvió, puso todas estas cosas delante del jorobado, y todos se sentaron a comer.

Mientras comían alegremente, la mujer del sastre tomó con los dedos un gran trozo de pescado y lo metió por broma todo entero en la boca del jorobado, tapándosela con la mano para que no escupiera el peda­zo, y dijo: “¡Por Alah! Tienes que tragarte ese bocado de una vez sin remedio, o si no, no te suelto.”

Entonces, el jorobado, tras de mu­chos esfuerzos, acabó por tragarse el pedazo entero. Pero desgraciada­mente para él, había decretado el Destino que en aquel bocado hubiese una enorme espina. Y esta espina se le atravesó en la garganta ocasio­nándole en el acto la muerte.

Al llegar a este punto de su relato, vio Scháhrazada, hija del visir, que se acercaba la mañana, y con su habitual discreción no quiso prose­guir la historia, para no abusar del permiso concedido por el rey Schah­riar.

Entonces, su hermana la joven Doniazada, le dijo: “¡Oh hermana mía! ¡Cuán gentiles, cuán dulces y cuán sabrosas son tus palabras!” Y Schahrazada respondió: “¿Pues qué dirás la noche próxima, cuando oigas la continuacion, si es que vivo aún, porque así lo disponga la volun­tad de este rey lleno de buenas ma­neras y de cortesía?”

Y el rey Schahriar dijo para sí: “¡Por Alah! No la mataré hasta no oír lo que falta de esta historia, que es muy sorprendente.”

Después el rey Schahriar acogió a Schahrazada entré sus brazos has­ta que llegó la mañana. Entonces el rey se levantó y se fue a la sala de justicia. Y en seguida entró el visir, y entraron asimismo los emires, los chambelanes y los guardias, y el diván se llenó de gente. Y el rey empezó a juzgar y a despachar asun­tos, dando un cargo a éste, destitu­yendo a aquel, sentenciando en los pleitos pendientes, y ocupando su tiempo de este modo hasta acabar el día. Terminadó el diván, el rey volvió a sus aposentos y fue en busca de Schahrazada.

sábado, 21 de enero de 2012

Y ERA LA 24a. NOCHE

Y ERA LA 24a. NOCHE

 Y la joven. Doniazada, se apre­suró a levantarse del tapiz y dijo a Schahrazada:

¡Oh hermana mía! Te suplico que termines ese cuento tan hermoso de la historia del bello Hassán Badreddin y de su mujer, la hija de su tío Chamseddin: Estabas precisa­mente en estas palabras: “La abuela lanzó una terrible mirada al eunuco Said, y le dijo...” “¿Qué le dijo?”

Y Schahrazada, sonriendo a su hermana, repuso: “La proseguiré de todo corazón y buena voluntad, pero no sin que este rey tan bien educado me lo permita.”

viernes, 20 de enero de 2012

PERO CUANDO LLEGÓ LA 23a. NOCHE

PERO CUANDO LLEGÓ LA 23a. NOCHE
Ella dijo:

 He llegado a saber, ¡oh rey afor­tunado! que Giafar al-Barmakí, visir del rey Harún Al-Rachid, prosiguió de este modo la historia que con­taba al califa:

“Orando el visir, Chamseddin se convenció de que su sobrino Hassán Badreddin había desaparecido, se dijo: “Puesto que el mundo está hecho de vida y de muerte, nada tan oportuno como que procure que mi sobrino Hassán encuentre a su regreso esta vivienda igual que la ha dejado.” Y el visir Chamseddin cogió un tintero, un cálamo y un pliego de papel, y anotó uno por uno todos los muebles y enseres de la casa, en esta forma: “Tal armario está en tal sitio; tal cortina en tal otro”, y así sucesivamente. Cuando terminó, selló el papel después de leérselo a su hija Sett El-Hosn, y lo guardó con mucho cuidado en la caja de los papeles. Después recogió el turbante, el gorro, los calzones, el ropón y el bolsillo, e hizo con todo ello un paquete; que guardó con el mismo esmero.

jueves, 19 de enero de 2012

PERO CUANDO LLEGÓ LA 22a. NOCHE

PERO CUANDO  LLEGÓ LA 22a. NOCHE

Ella dijo:

He llegado a saber, ¡oh rey afor­tunado! que Giafar prosiguió así la historia contada al califa Harún Al­Rachid:

“El cobarde jorobeta, creyendo que le hablaba el efrit, tenía un mie­do horrible, y no se atrevía a con­testar. Entonces, muy enfurecido, el visir le increpó: “¡Respóndeme, joro­bado maldito, o te atravieso con este alfanje!”:Y entonces el jorobado, sin sacar del agujero la cabeza, contestó desde dentro: “¡Por Alah! ¡Oh jefe de los efrits, tenme compasión! Te juro que te he obedecido, sin mover­me de aquí en toda la noche.” Al oírle, el visir ya no supo qué pensar, y exclamó: “Pero ¿qué estás dicien­do? No soy ningún efrit, sino el padre de la novia,” Y el jorobado, dando un gran suspiro, contestó entonces:

miércoles, 18 de enero de 2012

PERO CUANDO LLEGÓ LA 21a. NOCHE

PERO CUANDO LLEGÓ LA 21a. NOCHE

 Ella dijo:

 He llegado a saber, ¡oh rey afor­tunado! que el efrit terminó su relato eón estas palabras: “Y no esperan otra cosa sino que el jorobado salga del hammám.” Y la efrita repuso: “Se me figura; ¡oh compañero! que te equivocas al afirmar que Seth El­-Hosn es más hermosa que ese joven. No es posible. Es indudablemente el más hermoso de s, tiempo.” Pero el efrit respondió: “¡Por Alah, her­mana: mía! te aseguro que aquella joven es más bella todavía. No tienes más que venir conmigo; para que a su vista te convenzas. Bien fácil-te ha de ser esto. Además, podríamos aprovechar la ocasión para burlar al maldito jorobado aquella maravi­lla hecha carne. Porque los dos jóve­nes son dignos el uno del otro, y tanto se parecen, que diríase que son hermanos, o primos por lo me­nos. Y me parece que haríamos una acción digna de nosotros, si opo­niéndonos a la injusticia del sultán, pudiéramos substituir este joven en lugar del jorobado.

martes, 17 de enero de 2012

PERO CUANDO LLEGÓ LA 20a. NOCHE

PERO CUANDO LLEGÓ LA 20a. NOCHE

Ella dijo:

He llegado a saber, ¡oh rey afor­tunado! que entonces el visir se levantó, acogiendo con júbilo al her­moso Nureddin y diciéndole: “Entra, ¡oh hijo mío! en la cámara de tu esposa, y sé dichoso. Mañana te lle­varé a ver al sultán. Y ahora sólo me resta implorar de A¡ah que te conceda todos sus favores y todos sus bienes.”

Entonces Nureddin besó otra vez la mano del visir su suegro, y entró en el aposento de la doncella. ¡Y sucedió lo que había de suceder!

lunes, 16 de enero de 2012

HISTORIA DEL VISIR NUREDDIN, DE SU HERMANO EL VISIR CHAMSEDDIN Y DE HASSAN BADREDDIN


Entonces, Giafar Al-Barmaki dijo:

“Sabe, ¡oh Comendador de los Creyentes! que había en el país de Mesr un sultán justo y benéfico. Este sultán tenía un visir sabio y prudente, versado en las ciencias y las letras. Y este visir, que era. muy viejo, tenía dos hijos que parecían dos lunas. El mayor se llamaba Chamseddin y el menor Nureddin; pero Nureddin, el más pequeño, era ciertamente más guapo y mejor for­mado que Chaniseddin, el cual, por otra parte, era perfecto. Pero nadie igualaba en todo el mundo a Nured­din. Era tan admirable, que en nin­guna comarca se ignoraba su hermo­sura, y muchos viajeros iban a Egip­to, desde los países más remotos, sólo por el gusto  de contemplar su per­fección y las facciones de su rostro.

domingo, 15 de enero de 2012

PERO CUANDO LLEGÓ LA 19a. NOCHE

PERO CUANDO LLEGÓ LA 19a. NOCHE

Ella dijo:

He llegado a saber, ¡oh rey afor­tunado! que el califa juró que no mataría mas que al negro, puesto que el joven tenía una disculpa. Después, volviéndose hacia Giafar, le dijo: “¡Trae a mi presencia al pérfido negro que ha sido la causa de esta muerte! Y si no puedes dar con él, perecerás en su lugar.”

sábado, 14 de enero de 2012

HISTORIA DE LA MUJER DESPEDAZADA,DE LAS TRES MANZANAS Y DEL NEGRO RIHÁN

Schahrazada dijo:

 “Una noche entre las noches, el califa Harun Al-Rachid dijo a Gia­far Al-Barmaki: “Quiero que reco­rramos la ciudad, para enterarnos de lo que hacen los gobernadores y walíes. Estay resuelto a destituir a aquellos de quienes me den que­jas,” Y Giafar respondió: “Escucho y obedezco.”

Y el califa, y Giafar, y Massrur el porta-alfanje salieron disfrazados por las calles de Bagdad; y he aquí que en una calleja vieron a un anciano decrépito que a la cabeza llevaba una canasta y una red de pescar, y en la mano un palo y andaba pausadamente, canturreando estas estrofas:


viernes, 13 de enero de 2012

PERO CUANDO LLEGÓ LA 18a. NOCHE

PERO CUANDO LLEGÓ LA 18a. NOCHE

Ella dijo:

 He llegado a saber, ¡oh rey afor­ttmado! que el califa Harún Al­-Rachid quedó maravilladísimo al oír las historias de las dos jóvenes Zobei­da y Amina, que estaban ante él con su hermana Fahima, las dos perras negras y los tres saalik, y dispuso que ambas historias, así como las de los tres saalik, fuesen escritas por los escribas de palacio con buena y esmerada letra, para conservar los manuscritos en sus archivos.

jueves, 12 de enero de 2012

HISTORIA DE AMINA, LA SEGUNDA JOVEN

Al oír estas palabras del califa, la joven Amina avanzó un paso, y llena de timidez ante las miradas im­pacientes, dijo así:

“¡Oh Emir de los Creyentes! No, te repetiré las palabras de Zobeida acerca de nuestros padres. Sabe, pues, que cuando nuestro padre mu­rió, yo y Fahima, la hermana más pequeña de las cinco, nos fuimos a vivir solas con nuestra madre, mien­tras mi hermana Zobeida y las otras dos marcharon con la suya.

- Poco después mi madre me casó con un anciano, que era el más rico de la ciudad y de su tiempo. Al año siguiente murió en la paz de Alah mi viejo esposo, dejándome como parte legal de herencia, según ordena nuestro código oficial, ochenta mil dinares en oro.

miércoles, 11 de enero de 2012

PERO CUANDO LLEGÓ LA 17a. NOCHE

PERO CUANDO LLEGÓ LA 17a. NOCHE
Ella dijo:

 He llegado a saber, ¡óh rey afor­tunado! que la joven Zobeida no dejó de instar al mancebo, y de ins­pirarle el deseo de seguirla, hasta que éste consintió.

Y ambos no cesaron de conversar, hasta que el sueño cayó sobre ellos­. Y la joven Zobéida se acostó enton­ces y durmió a los pies del príncipe. ¡Y sentía una alegría y una felicidad inmensas!

Después Zobeida prosiguió de este modo su relato ante el califa Harún Al-Rachid, Gíafar y los tres saalik:

martes, 10 de enero de 2012

HISTORIA DE ZOBEIDA, LA MAYOR DE IAS JÓVENES

PERO CUANDO LLEGO LA 16a. NOCHE

Ella dijo:

He llegado a saber, ¡oh rey afor­tunado! que la mayor de las jóvenes se puso entre las manos del Emir de los Creyentes y contó su historia del siguiente modo:

HISTORIA DE ZOBEIDA, LA MAYOR DE IAS JÓVENES

¡Oh Príncipe de los Creyentes! Sabe que me llamo Zobeida; un her­mana, la que abrió la puerta, se llama Amina, y la más joven de to­das, Fahima. Las tres somos hijas del mismo padre, pero no de la mis­ma madre. Estas dos perras son otras hermanas mías, de padre y madre.

lunes, 9 de enero de 2012

PERO GUANDO LLEGÓ LA 15a. NOCHE

Ella dijo:

He llegado a saber, ¡oh rey afor­tunado! que el tercer saaluk, mien­tras permanecían sentados y cruzados de brazos los demás, vigilados por los siete negros, que tenían en la mano el alfanje desnudo, prosiguió diri­giéndose a la dueña de la casa:

Invoqué, pues, el nombre de Alah, le imploré, y me absorbí en el éxta­sis de la plegaria. Y cuando el viento cambió, por orden del Altísimo, logré subir a lo más alto de la montaña, agarrándome como pude a las rocas y excavaciones: Y mi alegría por hallarme en salvo llegó hasta el lími­te de la alegría. Ya sólo me faltaba llegar a la cúpula; lo conseguí al fin, y pude penetrar en ella. Enton­ces me puse de rodillas y di gracias a Alah por haberme salvado.

sábado, 7 de enero de 2012

PERO CUANDO LLEGÓ LA Y 14a NOCHE

Ella dijo:

 He llegado a saber, ¡oh rey afor­tunado! que el segundo saaluk dijo a la dueña de la casa:

¡Oh mi señora! Al oír la princesa el ruego de su padre, cogió un cuchi­llo que tenía unas inscripciones en lengua hebrea, trazó con él un círculo en el suelo, escribió allí varios ren­glones talismánicos, y después se colocó en medio del círculo, mur­muró algunas palabras mágicas, leyó en un libro antiquísimo unas cosas que nadie entendía, y así permaneció breves instantes. Y he aquí que de pronto nos cubrieron unas tinieblas tan espesas, que nos creímos ente­rrados bajo las ruinas del mundo.

viernes, 6 de enero de 2012

PERO CUANDO LLEGÓ LA 13a. NOCHE

PERO CUANDO LLEGÓ LA 13a. NOCHE

Ella dijo:

He llegado a saber, ¡oh rey afor­tunado! que el segundo saaluk prosi­guió su relato de este modo:

¡Oh señora mía! cuando di en la bóveda tan violento puntapié, la jo­venme dijo: “¡He ahí el efrit! ¡Ya viene contra nosotros! ¡Por Alah! ¡Me has perdido! Atiende a tu sal­vación y sal por donde entraste.”

jueves, 5 de enero de 2012

HISTORIA DEL SEGUNDO SAALUK

“La verdad es, ¡oh señora mía! que yo no nací tuerto. Pero la his­toria que voy a contarte es tan asom­brosa, que si se escribiese con la aguja en el ángulos interior del ojo, serviría de lección a quien fuese, capaz de instruirse.

Aquí donde me ves, soy rey, hijo de un rey. También sabrás que no soy ningún ignorante. He leído el Corán, las siete narraciones, los libros capitales, los libros esenciales de los maestros de la ciencia. Y aprendí también la ciencia de los astros y las palabras de los poetas. Y de tal modo me entregué al estudio de todas las ciencias, que pude superar a todos los vivientes de mi siglo.

miércoles, 4 de enero de 2012

PERO CUANDO LLEGÓ LA 12a NOCHE

PERO CUANDO LLEGÓ LA 12a NOCHE

Ella dijo:

He llegado a saber, ¡oh rey afor­tunado! que el saaluk, mientras la concurrencia escuchaba su relato prosiguió diciendo a la joven:

martes, 3 de enero de 2012

HISTORIA DEL PRIMER SAALUK


HISTORIA DEL PRIMER SAALUK

“Voy a contarte, ¡oh mi señora! el motivo de que me afeitara las barbas y de haber perdido un ojo.

Sabe, pues, que mi padre era rey. Tenía un hermano, y ese hermano era rey en otra ciudad. Y ocurrió la coincidencia de que el mismo día que mi madre me parió nació también mi primo.

lunes, 2 de enero de 2012

PERO CUANDO LLEGÓ LA 11a NOCHE


PERO CUANDO LLEGÓ LA 11a NOCHE

Ella dijo:

He llegado a saber, ¡oh rey afor­tunado! que cuando la joven se echó a reír, después de haberse indignado, se acercó a los concurrentes, y dilo: “Cantadme cuanto tengáis que con­tar, pues sólo os queda una hora de vida. Y si tengo tanta paciencia, es porque sois gente humilde, que si fue­seis de los notables, o de los grandes de vuestra tribu, o si fueseis de los que gobiernan, ya os habría casti­gado.”

domingo, 1 de enero de 2012

PERO CUANDO LLEGÓ LA 10a NOCHE


PERO CUANDO LLEGÓ LA 10a NOCHE


Doniazada dijo: “¡Oh hermana mía! acaba la relación.” Y Schalhra­zada contestó: “Con mucho agrado, y como un deber de generosidad.” Y prosiguió: