lunes, 2 de enero de 2012

PERO CUANDO LLEGÓ LA 11a NOCHE


PERO CUANDO LLEGÓ LA 11a NOCHE

Ella dijo:

He llegado a saber, ¡oh rey afor­tunado! que cuando la joven se echó a reír, después de haberse indignado, se acercó a los concurrentes, y dilo: “Cantadme cuanto tengáis que con­tar, pues sólo os queda una hora de vida. Y si tengo tanta paciencia, es porque sois gente humilde, que si fue­seis de los notables, o de los grandes de vuestra tribu, o si fueseis de los que gobiernan, ya os habría casti­gado.”


Entonces el califa dijo al visir: “¡Desdichados de nosotros, oh Gia­far! Revélale quiénes somos, si no, va a matarnos.” Y el visir contestó: “Bien merecido nos está.” Pero el califa dijo: '`No es ocasión oportuna para bromas; el caso es muy serio, y cada cosa en su tiempo.”

Entonces la joven se acercó a los saalik, y les dijo: “¿Sois hermanos?” Y contestaron ellos; “¡No, por Alah! Somos los más pobres de los pobres, y vivimos de nuestro oficio, haciendo escarificaciones y poniendo vento­sas.” Entonces fue preguntando a cada uno: “¿Naciste tuerto, tal como ahora estás?” Y el primero de ellos contestó: “¡No, por Alah! Pero la historia de mi desgracia es tan asom­brosa, que si se escribiera con una aguja en el ángulo interior de un ojo, sería una lección para quien la leyera con respeto.” Y los otros dos contestaron lo mismo, y luego dijeron los tres: “Cada uno de nos­otros es de un país distinto, pero nuestras historias no pueden, ser más maravillosas, ni nuestras aventuras más prodigiosamente extrañas.”. En­tonces dijo, la joven: “Que cada cual cuente su historia, y después se llevé la mano a la frente para darnos las gracias, y se vaya en busca de su des­tino.

El mandadero fue el primero que se adelantó y dijo: “¡Oh señora mía! Yo soy sencillamente un mandadero, y nada más. Vuestra hermana me hizo cargar con muchas cosas y venir aquí. Me ha ocurrido con vosotras lo que sabéis muy bien, y no he de repetirlo ahora, por razones que se os alcanzan. Y tal es toda mi historia. Y nada podré añadir a ella, sino que os deseo la paz.”

Entonces la joven le dijo: “¡Vaya! llévate la mano a la cabeza, para ver si está todavía en su sitio, arré­glate el pelo, y márchate:` Pero re­plicó el mozo: “¡Oh! ¡No, por Alah! No me he de ir hasta que oiga el relato de mis compañeros.”

Entonces el primer saaluk entre los saalik, avanzó para contar su his­toria, y dijo:

No hay comentarios:

Publicar un comentario